Saber de jamón

El jamón en el arte I: Literatura

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12 junio, 2019
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A través de las distintas manifestaciones artísticas que conocemos y conservamos, podemos hacernos una idea de cómo nuestra sociedad ha ido evolucionando a lo largo de los siglos. El arte, como forma estética de expresión, tanto de lo personal como de lo cotidiano, es el reflejo del ser y del sentir del momento presente.

Hace unas semanas os hablamos de la Historia del jamón en España y de cómo este ha estado presente en ámbitos como la literatura o la pintura. En una serie de post, queremos concretar más esa presencia haciendo visible la importancia del jamón en nuestra gastronomía y en nuestra cultura en general. Comenzaremos, esta semana, con las menciones al pernil en la literatura.

Ya desde tiempo de los romanos se cita la pata trasera del cerdo en algunos escritos teatrales ensalzando su importancia, como en el Pséudolo (El impostor), de Plauto. En él, el materialista y rico proxeneta Balión, lo sirve para impresionar a sus invitados: “porque hoy es el día de mi cumpleaños y vosotros todos debéis celebrarlo junto conmigo. Pon en agua el jamón, corteza de tocino, papada y tetilla de cerdo, ¿te enteras? Quiero acoger a lo grande hoy en mi casa a personas de mucho rango, para que tengan la impresión de que nado en la abundancia”. Más adelante, en plena Edad Media, época en la que predominaban los escritos religiosos, el Arcipreste de Hita escribe su particular “oda” al jamón. Sin embargo, no es hasta la Edad Moderna cuando lo encontramos propiamente en la literatura española.

Jamón presuto de español marrano”

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Lope de Vega

Así nombra Lope de Vega, en su Epístola al Contador Gaspar de Barrionuevo, al jamón ibérico de la Sierra de Aracena (Huelva). Jamón presuto (de la voz latina praesuctus), era el jamón curado, es decir, al que se le había extraído la humedad.

Y no es la única referencia al jamón y al cerdo entre los poetas del Siglo de Oro español. De la conocida rivalidad entre Góngora y Quevedo, surge este cruce de versos (lo que en la actualidad sería un cruce de comentarios en Twitter o en el muro de Facebook, vamos), en los que Quevedo hace referencia a la posible ascendencia judía de su rival mentando, si no al jamón, si al cerdo:

Yo te untaré mis obras con tocino…

porque no me las muerdas, Gongorilla,

perro de los ingenios de Castilla,

docto en pullas cual mozo de camino.

Versos a los que Góngora responde metiendo en la refriega, de paso, a Lope de Vega:

Hoy hacen amistad nueva

más por Baco que por Febo,

Don Francisco de Que-bebo

Y Lope Félix de Beba.

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Francisco de Quevedo y Luis de Góngora

Miguel de Cervantes, quien además de ilustre escritor de fama universal, fue soldado, contable y recaudador de impuestos (en forma de aceite, trigo o jamones entre otros menesteres, para la Armada Invencible), también hace mención al jamón en algunas de sus obras. En El casamiento engañoso, Cervantes habla del entonces ya famoso jamón cordobés de Rute: “si la convalecencia la sufre, unas lonchas de jamón de Rute, nos harán la salva”; al igual que en La gran sultana: “Paladéente las musas con jamón y vino añejo de Rute”.

Por supuesto, no podía faltar la refencia al jamón en el mismísimo Quijote. En la merienda que Sancho Panza comparte con un grupo de extranjeros, aparecen, además del caviar, unos “huesos mondos de jamón, que si no se dejaban mascar, no defendían el ser chupados”.

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Miguel de Cervantes y Don Quijote de la Mancha

Tampoco se echa en falta el jamón en La Celestina, obra de Fernando de Rojas, donde escribe: “De lo que hay en la despensa basta para no caer en falta: pan blanco, vino de Montviedro, un pernil de tocino”.

Bocado de bienaventurados”

En la literatura contemporánea, además del elogio que Camilo José Cela lanzó a nuestro ilustre manjar -”es un bocado propio de bienaventurados”, dijo-, es famoso el cruce de versos que, con el jamón como protagonista, tuvo lugar entre el poeta cubano Nicolás Guillén y el gaditano Rafael Alberti. Guillén, agradecido por la ayuda de Alberti para llegar a Buenos Aires, tras serle negado el visado para retornar a su país por la dictadura de Batista, le regala a este un jamón acompañado del siguiente soneto:

Este chancho jamón, casi ternera,

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Nicolás Guillén

Anca descomunal, a verte vino

y a darte un romántico tocino

gloria del frigorífico y salmuera.

Quiera Dios, quiera Dios, quiera Dios, quiera

Dios, Rafael, que no nos falte el vino,

pues para lubricar el intestino,

cuando hay jamón, el vino es de primera.

Mas si el vino faltara y el porcino

manjar comerlo en seco urgente fuera,

adelante, comámoslo sin vino,

que en una situación tan lastimera,

como dijo un filósofo indochino,

aun sin vino, el jamón es de primera.

Nicolás Guillén

Soneto al que Alberti responde de la siguiente forma:

Hay vino, Nicolás, y por si fuera

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Rafael Alberti

poco para esta nalga de porcino,

con champaña que del cielo vino

hay los huevos que el chancho no tuviera.

Y con los huevos, lo que más quisiera

tan buen jamón de tan carnal cochino:

las papas fritas, un manjar divino

que a los huevos les viene de primera.

Hay mucho más, el diente agudo y fino

que hincarlo ansiosamente en él espera

con huevo y papa, con champaña y vino.

Mas si la cosa al fin no sucediera,

no tendría, cual dijo un vate chino,

la más mínima gracia puñetera.

Rafael Alberti

Quien toma vino y jamón, no padece del corazón”

Mención aparte merece la presencia del jamón en el refranero popular. Más cerca del folclore que de la literatura propiamente dicha, no queremos terminar esta entrada sin recordar alguno de los más conocidos.

A la carne vino, y si es jamón, con más razón.

Allí se me ponga el sol, donde me den vino y jamón.

-Jamón y porrón, hacen buena reunión.

-Del cerdo,….hasta los andares.

-Agua poca, y jamón, hasta la boca.

Con esto terminamos, pero no olviden que Con jamón y buen vino se anda el camino.

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