Caducidad vs. Consumo preferente

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Saber de jamón
Fecha de consumo preferente Jamón de Teruel DOP

Durante el pasado mes de julio, los medios de comunicación españoles se hicieron eco de lo que muchos titularon como “El fraude del jamón caducado”. Pues bien. Lejos de alentar comportamientos fraudulentos como los que acontecieron entonces, sí querría matizar ciertos aspectos que pueden llevar a confundir al consumidor sobre los conceptos de caducidad y consumo preferente.

Entiendo que un titular debe de llamar la atención, y entiendo también que un titular sin el cuerpo de la noticia no es nada. Pero siendo realistas, todos sabemos que mucha gente no va más allá de su lectura, por lo que, si bien puede ser llamativo, no debería nunca llevar a confusión. Y es que el jamón, no caduca.

La fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente, son dos conceptos que no deberíamos confundir. La primera marca el tiempo a partir del cual un producto deja de ser seguro desde el punto de vista sanitario. Sin embargo, la fecha de consumo preferente indica hasta cuándo podemos disfrutar de las cualidades organolépticas (sabor, aroma y textura) propias de un producto sin verse estas alteradas, siempre sin poner en riesgo nuestra salud.

La forma tradicional de elaboración del jamón en España -tanto de cerdo de capa blanca como de ibérico- que consiste en la deshidratación de las piezas mediante el uso de sal, hace que, aunque las cualidades organolépticas de la pieza varíen, su consumo no suponga un riesgo para nuestra salud. Por ello, el etiquetado del jamón debe presentar una fecha de consumo preferente, pero no de caducidad. Con el paso del tiempo, la grasa se enrancia, el corte puede presentar mohos o velos blancos indeseables e incluso se puede secar tanto que sea prácticamente imposible consumirlo y disfrutar de las características que lo convierten en un producto incomparable. Sin embargo, todavía se podría comer sin poner en riesgo nuestra salud. Así mismo ocurre con el jamón deshuesado, troceado o loncheado y envasado al vacío. Siempre y cuando el envase no esté deteriorado y se conserve de manera adecuada, lo único que puede pasar es que, pasada la fecha de consumo preferente, no esté todo lo bueno que debería.

En el caso mencionado al principio, y en cuanto a lo que el jamón respecta, entiendo que el fraude consiste en el reetiquetado de jamones retirados de la venta (y al parecer mal conservados) falseando así su fecha de consumo preferente y por lo tanto, engañando a los compradores. Sin embargo, titular con “los jamones caducados” no hace sino confundir a los consumidores aún más.

 

 

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